|
“Las Aventuras del Capitán Alatriste”
1. El Capitán Alatriste :
Editorial:
Alfaguara (1996) Ilustraciones y portada: Carlos Puerta
Comprar (en Casa del Libro )
Resumen:
"No era el hombre más honesto ni el más piadoso, pero era un hombre valiente"... Con estas palabras empieza El capitán Alatriste, la historia de un soldado veterano de los tercios de Flandes que malvive como espadachín a sueldo en el Madrid del siglo XVII. Sus aventuras peligrosas y apasionantes nos sumergen sin aliento en las intrigas de la Corte de una España corrupta y en decadencia, las emboscadas en callejones oscuros entre el brillo de dos aceros, las tabernas donde Francisco de Quevedo compone sonetos entre pendencias y botellas de vino, o los corrales de comedias donde las representaciones de Lope de Vega terminan a cuchilladas. Todo ello de la mano de personajes entrañables o fascinantes: el joven Íñigo Balboa, el implacable inquisidor fray Emilio Bocanegra, el peligroso asesino Gualterio Malatesta, o el diabólico secretario del rey, Luis de Alquézar. Acción, historia y aventura se dan cita en estas páginas inolvidables.
Editorial:
Alfaguara (1997) Ilustraciones y portada: Carlos Puerta
Comprar (en Casa del Libro )
Resumen:
A punto de incorporarse a su antiguo tercio en Flandes, Diego Alatriste se ve
envuelto por mediación de su amigo don Francisco de Quevedo en otra peligrosa
aventura. Una mujer ha aparecido estrangulada en una silla de manos frente a la
iglesia de San Ginés, con una bolsa de dinero y una nota manuscrita: Para misas
por su alma. El enigma se complica con los sucesos misteriosos que ocurren tras
las paredes de un convento, cuando Alatriste es contratado para rescatar de allí
a una joven novicia. En el azaroso y fascinante Madrid de Felipe IV, entre
lances, tabernas, garitos, intrigas y estocadas, la aventura pondrá en juego la
vida de los amigos del capitán, haciendo surgir del pasado los fantasmas de
viejos enemigos: el pérfido secretario real Luis de Alquézar, el inquisidor fray
Emilio Bocanegra y el siniestro espadachín italiano Gualterio Malatesta.
Editorial:
Alfaguara (1998) Ilustraciones y portada: Carlos Puerta
Comprar (en Casa del Libro)
Resumen:
"Al lento batir de los tambores, las primeras filas de españoles movíanse hacia
adelante, y Diego Alatriste avanzaba con ellas, codo con codo con sus camaradas,
ordenados y soberbios como si desfilaran ante el propio rey. Los mismos hombres
amotinados días antes por sus pagas iban ahora dientes prietos, mostachos
enhiestos y cerradas barbas, andrajos cubiertos por cuero engrasado y armas
relucientes, fijos los ojos en el enemigo, impávidos y terribles, dejando tras
de sí la humareda de sus cuerdas de arcabuz encendidas"...
4. El oro del rey:
Editorial:
Alfaguara (2000) Ilustraciones y portada: Carlos Puerta
Comprar (en Casa del Libro )
Resumen:
"-Habrá que matar -dijo don Francisco de Quevedo-. Y puede que mucho.
5. El caballero del jubón amarillo:
Editorial:
Alfaguara (2000) Ilustraciones y portada: Carlos Puerta
Comprar (en Casa del Libro )
Resumen:
Curtido a fuego tanto en la guerra como en las pasiones, resultaba difícil pensar que por culpa de una hembra el capitán Diego Alatriste expusiera su cuello al filo de la navaja.
El antiguo soldado de los tercios de Flandes tampoco podía intuir el peligro que le acechaba cuando vislumbró en los negros ojos de la actriz María de Castro la promesa de un juego de humedades. Pero bien valía una noche en sus brazos el infierno que estaba por venir, ya que como el mismísimo Francisco de Quevedo le había sentenciado, aquélla era una mujer de a mil ducados el tropezón. Y desde un corral de teatro madrileño, su suerte, junto a la de Íñigo Balboa, había sido echada. Un lance del destino que le condenaba a resolver, a capa y espada, los tambaleantes derroteros de un rey enredado en amores tramposo. En un imperio donde las letras eran de oro, pero donde el sol comenzaba ya a ocultarse.
6. Corsarios de Levante:
Editorial:
Alfaguara (2000) Ilustraciones y portada: Carlos Puerta (en Casa del Libro)
Resumen:
Durante casi dos años serví con el capitán Alatriste en las galeras de Nápoles. Por eso hablaré ahora de escaramuzas, corsarios, abordajes, matanzas y saqueos. Así conocerán vuestras mercedes el modo en que el nombre de mi patria era respetado, temido y odiado también en los mares de Levante. Contaré que el diablo no tiene color, ni nación, ni bandera; y cómo, para crear el infierno en el mar o en la tierra, no eran menester más que un español y el filo de una espada. En eso, como en casi todo, mejor nos habría ido haciendo lo que otros, más atentos a la prosperidad que a la reputación, abriéndonos al mundo que habíamos descubierto y ensanchado, en vez de enrocarnos en las sotanas de los confesores reales, los privilegios de sangre, la poca afición al trabajo, la cruz y la espada, mientras se nos pudrían la inteligencia, la patria y el alma. Pero nadie nos permitió elegir. Al menos, para pasmo de la Historia, supimos cobrárselo caro al mundo, acuchillándolo hasta que no quedamos uno en pie. Dirán vuestras mercedes que ése es magro consuelo, y tienen razón. Pero nos limitábamos a hacer nuestro oficio sin entender de gobiernos, filosofías ni teologías. Pardiez. Éramos soldados.
|